domingo, 27 de julio de 2008

Un viaje interior con nombre propio, Steinbeck.


¿Cómo iba yo a imaginarme que aquella mañana de agosto emprendería un doble viaje? Sí, doble, uno con el cuerpo y otro con la imaginación. Seguramente era tanta la necesidad de escapar de mi propia vida, que uno solo no era suficiente. De modo que un viaje doble era el reconstituyente perfecto.
A una parte de esta realidad me acompañaba mi mujer, pero también la ilusión por conocer Lisboa y una dirección, un hotel de 4 estrellas en pleno centro. Y de la otra parte, al margen de la realidad, me dejaba guiar por John Steinbeck y su perro Charley En busca de América.
Un insignificante “¿Cómo va el libro?” de mi mujer hace de unión entre los dos viajes, entre los dos mundos, entre el libro y el tren.
Enseguida reniego, mientras no aparezca Lisboa en el horizonte, del viaje real y me sumerjo de cabeza entre las páginas del libro, Steinbeck me puede con su prosa certera, radiografía perfecta de una América, la de los años 60, de la que perviven más cosas de las que sospechamos (la discriminación entre Estados, el Sur profundo, el racismo…)
Aunque hay momentos y descripciones impagables a lo largo de toda la obra, es en la 3ª Parte donde me encuentro con lo mejor de lo mejor: su visión de las secoyas y su disertación acerca de la ciudad de Fargo. Probablemente más profunda la escena de las Secoyas, esos árboles gigantes que tanto impresionan a Steinbeck, es sin embargo cuano habla de Fargo cuando me siento totalmente identificado con él. Porque yo, al igual que el autor, tengo mi propio Fargo particular, Bergen, en la costa sudoeste de Noruega. Si para él Fargo es hermana de los “lugares mágivamente remotos mencionados por Herodoto, Marco Polo y Mandeville”, para mí también lo es Bergen, sueño de cualquier viajero y musa de cualquier fotógrafo, antídoto para la realidad y calmante de cuentas en números rojos.
Fuera, tras las ventanas del tren, huyen los campos manchegos acobardados por la promesa de una ciudad con nombre de novela, Lisboa. Dentro, dentro del tren y de mí, a través de la sangre, corre esa América que el autor de Al este del Edén desmenuza con el tenedor y el cuchillo de su escritura.
Hace casi un año encontré este libro maravilloso que sería de egoístas no compartir con todos los que leéis este modesto artículo. El Viaje con Charley tuvo lugar en el año 1960 y publicado 2 año después. Seguramente está esperando nuevos pasajeros, ¿alguno de vosotros quizás? ¿Quién se anima?

Firmado: K.581 (Alejandro Castroguer)

5 comentarios:

elisa7401 dijo...

NO DESPRECIARÉ LA INVITACIÓN A LEER EL LIBRO.

elisa7401 dijo...

RESULTA INTERESANTE LA DESCRIPCION QUE HACES DEL LIBRO PUES MI IMAGINACION RECORRE ESOS LUGARES QUE DESCRIBES. LA INVITACION A LEER EL LIBRO ES DIFICIL DE DESPRECIAR Y COMO SOY UNA LECTORA PRINCIPIANTE TOMARÉ TU SUGERENCIA Y LEERÉ EL LIBRO.

K.581 dijo...

Muchas gracias por tus amables comentarios. Se supone que para esto sirve este foro, para fomentar la lectura y para compartir nuestros descubrimientos. Sólo he cumplido con mi deber, Elisa7401.
Lástima que no hay sabido trasmitir eso que dices al resto de foreros, porque en los artículos que publico pongo todo mi empeño.
Lo dicho: GRACIAS.

Isamonalisa dijo...

John Steinbeck, se me ilumina la mirada solo con nombrarlo, y eso que únicamente he leído un libro suyo. Las uvas de la ira.
Pedazo de libro! Pues manos a la obra con este otro.

miannepo dijo...

Como ya señalé en Revista, en efecto, este es un libro para leer con calma y disfrute pero hay que conocer la verdad de él. Además de ser muy ameno y estar bien escrito, ES UNO DE LOS FRAUDES MÁS FLAGRANTES DE LA MODERNA LITERATURA:
http://www.nytimes.com/2011/04/04/books/steinbecks-travels-with-charley-gets-a-fact-checking.html
Según su mujer Elaine y su propio hijo Tom, Steinbeck no viajó a casi ninguno de los lugares que escribió y no durmió bajo las estrellas más de tres o cuatro días. Escribió el libro como si fuera una de sus novelas inventando los diálogos. Incluso alguno de los personajes, muy conocido, preguntados después por su encuentro con el Premio Nobel dijeron que ni había pasado por allí. Tampoco estuvo con el actor sakhesperiano con el que mantiene una larga conversación,íntegramente inventada, ni de esos tres meses que duró su viaje estuvo sólo con Charley. Su mujer lo acompañó la mauor parte del tiempo y cuando dice que estuvo en un determinado lugar resulta que estaba a 430 Km de él durmiendo en un lujoso hotel. Todos esos datos se pueden encontrar con sólo leer los manuscritos originales de sus Travels with Charley donde se detallan todos estos hechos.
Su hijo dice que incluso los diálogos rechinan porque suenan a
algo deja vu. En fin yo lo he leido varias veces, me divierte pero siempre resulta muy extraño que no hable con más detalle de los lugares que visita o de las personas con las que comparte café. Tom, su hijo dice que lo escribia con guias de viajes, incluso el propio Steimbeck señala que los pueblos que menciona están sacado de varias guías que lleva pero ni ha pasado por la mayoría de ellos. Hay que leerlo pero también hay que saber la verdad.
WOTAN