sábado, 28 de julio de 2012

Claraboya, el placer de leer a Saramago

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En todas las almas,
como en todas las casas,
además de fachada hay un interior escondido.
Raul Brandao


Recientemente he leído la última novela de Saramago que ha salido al mercado: Claraboya. Los que me conocéis sabéis de mi pasión por este escritor, así que os solicito un poco de indulgencia si me excedo en mis alabanzas. Cuando José finalizaba El evangelio según Jesucristo lo llamaron para ir a recoger el manuscrito de Claraboya, que había enviado cuarenta años atrás, escrito con la ilusión desbordante del que comienza en el mundo de las letras. Los aficionados a la escritura sabemos que aquel que envía un manuscrito a una editorial introduce también en ese sobre certificado la sangre de sus venas, sus noches en vela, sus desnudos integrales, los miedos y las llagas, sus vergüenzas, sus aprendizajes. Y cuando el silencio perdura en el tiempo el creador sufre de lutos, y le duele el duelo, pero otros vástagos en proyecto le necesitan. Y uno se olvida un poco de ese hijo y sobre esa paternidad crecen telarañas. Ésta es una metáfora más de las mías, pero ya me entendéis. Saramago simplemente se cansó de esperar la publicación del “hijo”. Después de cuarenta años, cuando la quisieron publicar él dijo que ya no era el tiempo. Pero Pilar del Rio, su esposa, la dueña del nombre pintado en el lateral de la barca blanca del maestro, ella, la que riega ese olivo donde reposan las cenizas del dueño de todos los nombres, ése que tanto adoramos, ella nos lo ha enviado por correo para que lo leamos, tantos años después.

Quizás el tema del libro no es demasiado ambicioso, sólo trata de las vidas de algunas personas que comparten vecindario ¡sólo! ¡Como si fuera poco! Gente anónima, corriente, gente como yo y como tú.
Y nos habla de la tristeza, de la conformidad de una puta mantenida, de la madre de esta, que se aprovecha y también vive de ella, de que el amor de una madre no siempre es desinteresado. De cómo se puede fingir el amor y de lo que duele. Del amor pagado. Esta es la historia de Lidia, la mantenida.

Luego tenemos a dos hermanas solteras, Isaura y Andrea, a su amorosa y despistada madre y a la tía, hermana de ésta última, una mujer muy sabía. La historia de cuatro mujeres solitarias, humildes, trabajadoras, del amor que se busca de manera desesperada y de aquellas cosas que ensucian las relaciones y ya no se pueden perdonar.

Y de Carmen y su marido, una historia de rutina, tensiones, la disputa constante por el amor del hijo. Aquí Saramago está magistral, porque nos cuenta dolorosamente lo difícil que es la convivencia cuando ya se murió el amor hace tiempo. Y la mirada perpleja del hijo, que inocentemente presencia el combate entre aquellas personas que más le adoran.

¿Y qué puedo decir sobre el matrimonio de Justina y su esposo? Odio, asco, repulsión, infidelidad. Hay un momento estelar en el que ella se muestra desnuda de cuerpo y alma y él la ve entonces en toda su plenitud. Eres fea, le dice. Y ella le dice “si soy fea, mírame ¿Quién puede desearme a mí?” Desnuda, enjuta, con los pechos caídos y las piernas escuálidas; la mirada de ella llena de asco y de rencor, retadora, delante del marido, que la mira asustado y sorprendido. Sin embargo él ya no puede olvidar esa imagen de su mujer. La desea, desea esos huesos, esa carne seca y no puede pensar en ninguna otra mujer. El desenlace de esta historia es abrumador, extraño, sofocante.

Historias, historias cotidianas, como la del zapatero Silvestre y su esposa, y la amistad de éste con su alquilado. Conversaciones de náufragos sobre la vida; confidencias, consejos, confesiones y conclusiones. Vidas que se cruzan y en ese intercambio de palabras se encuentra la esencia de la vida misma.
En esta obra intuyo a un Saramago joven, pero ya se vislumbra ese sello, esa impronta que tienen sus ensayos, esa forma suya de ver la vida.

Ha sido un verdadero placer volver a leerle, maestro Saramago.

Autora: Ángela Piñar (Berlín)

3 comentarios:

Carmen dijo...

Estupenda reseña. Todavía no he leído este Saramago, lo tengo aún en la estantería, pero tengo que hacerle hueco pronto.

Ángela dijo...

Gracias Carmen. Quizá no es lo mejor de Saramago, pero son sus comienzos.

Anónimo dijo...

No está a la altura de sus otras obras como Ensayo sobre la ceguera o La Caverna.
Pero nos muestra un joven Saramago lleno de ansias y ganas de despegar.
Es una buena lectura, yo la recomiendo, aunque no puedo ser subjetiva con este autor porque me gusta demasiado.