lunes, 4 de enero de 2016

Entrevistas Express: José Ovejero

Fotografía de la página personal de José Ovejero

José Ovejero es uno de los autores más valiosos del panorama literario español. No se le puede clasificar en ningún género porque los ha utilizado todos dándoles una calidad que los difumina. Sus libros son un regalo para el lector que se sorprende con su calidad, cuando descubre a un escritor que no es aficionado,  ni necesita el exhibicionismo mediático,  porque su obra habla por él, ¡¡Mil gracias José por escribir!!


¿Existen fronteras entre literatura de género y "Literatura"? 
Las fronteras son sólo significativas cuando la literatura no es de calidad y recurre a los clichés de género, es decir, a banalizaciones: la mujer fatal, el detective misántropo —y a ser posible alcohólico—, el asesino en serie superinteligente son clichés de cierto tipo de novela negra; la jovencita alocada que busca marido aunque se cree que busca una aventura lo es de la novela sentimental; y el tono general de profundidad solemne es recurrente en la mala literatura no de género. Sólo entonces la pertenencia de lo escrito a un género pasa al primer plano. 

¿Qué considera más importante, la experiencia vivida o la imaginación? 
¿Qué sería de nosotros sin la ayuda de lo que no existe? Por desgracia, esta frase no es mía, sino de Paul Valéry, pero creo que resume bien mi postura. La imaginación nos ayuda a sentir más, a vivir más. Creo que una de las cosas más empobrecedoras que puede haber es usar la literatura como sustituto de la vida. La literatura, el arte en general, nos abre la puerta a sensaciones, deseos y temores que merece la pena explorar fuera de la pura contemplación. Ahora bien, si tengo que elegir, siempre preferiré una pasión amorosa en mi vida a su representación literaria, una aventura real a una inventada. Pero... ¿por qué demonios voy a tener que elegir? Yo, humildemente, lo quiero todo. 

¿A cuál de tus libros le tienes mas cariño y por qué? 
A La comedia salvaje, por varios motivos; uno, porque aunque creo que es una de mis mejores novelas, tuvo pocos lectores; la crítica la acogió bien, sé que se ha leído en algunas universidades... pero su recorrido entre el público fue más bien corto; así que le tengo ese cariño que podemos sentir hacia quien apreciamos y no ha tenido suerte en la vida, una cariño teñido de tristeza. Otro, porque sus protagonistas todavía me hacen sonreír. Otro, y lo dejo ahí para no aburrir, porque lanzarme a escribir esa novela disparatada me enseñó una libertad creativa que luego he aprovechado en otras obras; Los ángeles feroces, mi última novela, no existiría si antes no hubiese escrito La comedia salvaje, que mejoró mi capacidad para sentir placer dando rienda suelta a la imaginación, sin coartarla mediante convenciones o expectativas. 


¿Sufre más escribiendo o leyendo? 
Son sufrimientos distintos. El sufrimiento durante la lectura, salvo que se deba a la mala calidad de la obra, tiene que ver con nuestra capacidad de empatía, que vertemos sobre los personajes, o con los abismos a los que nos obliga a asomarnos un libro. Escribiendo se puede sufrir por los mismos motivos, pero hay uno adicional: la conciencia de mis limitaciones. Querer contar algo y no ser capaz, notar que intento construir la frase definitiva y mi lengua es tan torpe como la de un borracho, sentir esa impotencia que a veces sentimos cuando nuestras manos son inútiles para deshacer un nudo muy apretado. Escribir es para mí una frustración constante, salpicada de fases de euforia cuando desato el nudo, cuando mi lengua se mueve con ligereza, cuando he contado algo que, al menos en ese momento, me parece esencial y hermoso. 

¿El primer libro que recuerdas de tu infancia? 
La isla del tesoro, de Stevenson. Venía con una colección de grandes obras de la literatura universal, de esas que se vendían de puerta en puerta y que se pagaban a plazos. Aunque me acuerdo de algún otro título que venía incluido, el que más me impresionó fue ese. Y hasta hoy siento debilidad por John Silver el Largo. 

¿Qué libros contemporáneo y clásico recomiendas sin reservas? 
Infancia, de Coetzee; la poesía completa de Wislawa Szymborska; Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos; Paisaje lacustre con Pocahontas, de Arno Schmidt; Macbeth, de Shakespeare; Memorias de una superviviente, de Doris Lessing... Como ves, no sé distinguir lo clásico de lo contemporáneo. Y tampoco sabría decidirme sólo por dos libros. 

¿El libro que tienes ahora mismo en tu mesilla? 
Beaubourg, una utopía subterránea, de Albert Meister.
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lunes, 30 de noviembre de 2015

Entrevistas Express: Santiago Roncagliolo

(Imagen de Panorama Latino)

Santiago Roncagliolo es escritor, dramaturgo, guionista, traductor, periodista y mucho más. Recoge el testigo de los autores del Boom latinoamericano que tanto nos enamoraron, adaptándolo a la sociedad y a nuestro entorno sin olvidar sus orígenes. A sus cuarenta años, tiene una obra brillante y no necesita más premios ni reconocimientos porque demostrado que es uno de los grandes y sin embargo no deja de experimentar y arriesgarse con nuevos formatos y con nuevos temas. Leerlo es ir desde el Perú de Sendero Luminoso, a Miami, pasando por Japón, Cuba o Argentina, deslizándonos en un viaje sin límites por temas y géneros. Esperamos que esta mini entrevista os abra el apetito por un autor.


¿Existen fronteras entre literatura de género y "Literatura"?
Personalmente, trato de hacer literatura con la literatura de género. Mi tema principal es el miedo, que es nuestra emoción más primitiva, y por eso, ha inspirado mucha literatura popular. Yo empleo muchos recursos y técnicas de la novela gótica, el thriller, el policial o la comedia negra. Pero me interesa usar esos géneros para explorar las fronteras de la condición humana. Creo que las personas vivimos en islas de luz rodeadas de oscuridad. Tratamos de permanecer en las zonas luminosas, donde nos sentimos seguras. El miedo es lo que surge conforme nos acercamos a esas orillas siniestras. Y en ese sentido, marca los límites de nuestro mundo.

¿Qué considera más importante, la experiencia vivida o la imaginación?
Creo que ambas por igual, y en el mismo nivel, los libros leídos. Yo siempre parto de experiencias personales, lugares conocidos, personajes reales, que deformo y transfiguro con la imaginación para hacerlos más intensos, más extremos, pero en ese proceso siempre me guían mis autores favoritos, incluso mis directores de cine favoritos. La ausencia de cualquier de esas tres dimensiones, empobrece la ficción.

¿A cuál de tus libros le tienes mas cariño y por qué?
¡Estas preguntas son imposibles de responder! Es como tener que escoger entre mis hijos. Cada uno de mis libros retrata mis emociones en el momento de escribirlo. Cada novela es autobiográfica aunque nadie, ni yo mismo, pueda determinar en qué medida exactamente. No puedo escoger qué momento de mi vida he sentido más intensamente. Siempre siento igual. De hecho, me gustaría hacerlo menos.

¿Sufre más escribiendo o leyendo?
Escribiendo. Leer es puro placer. Escribir es estrellarse con una pared, rebotar y volver a estrellarse, como una mosca contra una ventana, un esfuerzo inútil -pero inevitable- por alcanzar el otro lado de lo real.

¿El primer libro que recuerdas de tu infancia?
La historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada de Gabriel García Márquez. Había una mujer que se acostaba con un ejército. Y un hombre con alas que caía en el patio de una casa. Y una casa incendiada. No entendí nada. Pero qué fascinantes eran todas esas cosas que no entendía.

¿Qué libros contemporáneo y clásico recomiendas sin reservas?
Estrella distante de Roberto Bolaño es una perfecta historia de terror, arte y política. Y entre los clásicos, mis favoritas son las historias góticas del siglo XIX, desde Drácula de Bram Stoker hasta Otra vuelta de tuerca de Henry James.

¿El libro que tienes ahora mismo en tu mesilla?
 Réquiem por Brown de James Ellroy ¿Será bueno? Ellroy siempre es bueno.
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viernes, 13 de noviembre de 2015

Entrevistas Express: Enrique de Hériz



Enrique de Hériz ha sido editor y compatibiliza la escritura  con la  traducción. Es autor de una obra una obra exquisita y cuidada, y uno  de esos escritores que se documenta más allá de los papeles y que no tiene prisa. Cursos de Magia y   entrenamiento con instructores de ciegos,  prueban su voluntad de veracidad,  que sabe transmitir con una palabra precisa y cuidada. Es uno de  nuestros  escritores más valorados,  al margen de modas y de   tendencias  del momento, que transmite además  bonhomía,  sentido del humor y saber hacer. Su  entrevista  es un regalo. ¡¡Disfrutadla!!

¿Existen fronteras entre literatura de género y "Literatura”?
No, siempre que no sea el propio autor quien las establezca. Eso que llamamos “literatura de género” se puede usar como un contexto de reducción. en cuyo caso deja de interesarme. Pero también se puede entrar en el género con voluntad de trascenderlo, y entonces hablamos de literatura. He de decir, de todas formas, que me incomoda mucho el etiquetaje. Hasta la palabra “literatura” me parece apenas un continente que cada uno llena del contenido que mejor le parezca. Y luego están las posturitas en torno al etiquetaje. Autores que escriben una novela de argumento claramente policial pero afirman no escribir novela negra como si fuera algo de lo que avergonzarse; autores que no han leído ni a Hammett ni a Chandler y pretenden pasar como expertos en novela negra… En fin, esas cosas.

¿Qué considera más importante, la experiencia vivida o la imaginación?
¿Acaso existe alguna diferencia? A veces tengo la sensación de que todo lo que he escrito gira en torno a esa dicotomía. Lo imaginado forma parte no sólo de nuestra experiencia, sino literal y radicalmente de nuestra identidad. A medida que la neurología va trazando el mapa del cerebro humano gracias a las resonancias activas, los neurólogos se van sorprendiendo de comprobar que no parece haber ninguna diferencia tangible entre la actividad de nuestro cerebro cuando recordamos y cuando inventamos. Para nuestras neuronas, la tan debatida frontera entre lo real y lo imaginario ni siquiera existe. Si llevamos la pregunta a la praxis concreta de la escritura, por otra parte, también acepta respuestas de todo tipo, incluso opuestas. De Hemingway a Pessoa, pasando por Kafka, la relación entre lo vivido, lo imaginado y lo escrito tiene tantos modelos como escritores.

¿A cuál de tus libros le tienes mas cariño y por qué?
A Historia del desorden, porque sospecho que es el peor que he escrito. En mi interior lo protejo como protegería a un hijo más débil que los demás. Pero también porque, los fallos que contiene me enseñaron más sobre la escritura que cualquier logro. Es probable que ese libro contenga mi mejor descripción de un personaje, mi mejor arranque, las ideas más hermosas, mi mayor capacidad de exploración sociológica… Y sin embargo, el conjunto es fallido. Aprender eso, aprender a concebir la novela como una caja de resonancia en la que todos los sonidos particulares han de contribuir a la música general, empezó a ponerme en condiciones de escribir “Mentira”. ¿Sufre más escribiendo o leyendo? Yo es que soy muy poco sufridor. Escribir es un privilegio. Si me exige sacrificios, los pago a gusto. Leer es una maravilla. Sufro cuando no puedo leer y escribir.

¿El primer libro que recuerdas de tu infancia?
Creo que el primero que me dejó huella fue una selección de poemas de Lorca para niños. Me lo regaló mi padrino, que era de Madrid. Recuerdo con detalles luminosos la conversación en que me explicó que la costumbre catalana de regalar la mona de chocolate por Semana Santa estaba muy bien, pero que él había pensado que yo tenía ya edad suficiente para apreciar mejor un libro tan bonito como aquel.

¿Qué libros contemporáneo y clásico recomiendas sin reservas?
La Celestina, las Coplas de Manrique, Robinson Crusoe, La vida es sueño, los grandes del XIX, sobre todo los rusos. Hammett. Cualquier poemario de Charles Simic, Roberto Juarroz. El teatro de Sabbath, de Philip Roth. Aflicción, de Rusell Banks. Ni un pelo de tonto, de Richard Russo. Últimas tardes con Teresa, de Marsé. La loca de la casa, de Rosa Montero. Mejor lo dejo ahí.

¿El libro que tienes ahora mismo en tu mesilla?
World gone by, la última de Dennis Lehane.
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jueves, 5 de noviembre de 2015

Entrevistas Express: Rosa Ribas.




"Nací en El Prat de Llobregat en 1963. Es una pequeña ciudad industrial que la mayoría conoce porque en su término municipal se encuentra el aeropuerto de Barcelona. La cercanía del aeropuerto, vivir a sólo una calle de las vías del tren con el ruido –y el olor– de fondo de una fábrica de papel, actualmente demolida, en lugar de llevarme a anhelar una vida de silencio y aire puro en algún lugar en el campo, me han hecho adicta a la ciudad y a un mínimo nivel de sonido sin el cual no me puedo concentrar."

Rosa Ribas  es una de nuestras escritoras más queridas.   No  se puede encuadrar  su literatura en ningún género,  no solo porque los trasciende, también porque no se ciñe a ninguno  y  nos da mucho más que una novela policíaca o histórica o costumbrista, todos ellos son algo más en sus manos. Detrás de su literatura hay una sólida formación  intelectual  y docente. Nos sentimos muy cercanos a su literatura por su calidad, por su humanidad,  y por sus temas. 


¿Existen fronteras entre literatura de género y "Literatura"? 
 Sí, pero no creo que se encuentre en las líneas que se suelen trazar, en los temas, sino en la forma que se les da, en el uso de la lengua, de los recursos narrativos, del estilo...

¿Qué consideras más importante, la experiencia vivida o la imaginación? 
Ambas. Pero sobre todo valoro la capacidad de convertirlas en ficción, sin la cual no podría crear novelas.

¿A cuál de tus libros le tienes más cariño y por qué?
Al último, Pensión Leonardo, porque es el más personal. Y siempre al Pintor de Flandes por ser el primero, algo que no cambiará nunca, aunque sea una obviedad decirlo.

¿Sufres más escribiendo o leyendo?
Son dos actividades gozosas, así que sufro más bien poco. Menos todavía desde que he aprendido a no empeñarme en leer todos los libros que empiezo hasta el final.

¿El primer libro que recuerdas de tu infancia? 
El corsario negro de Emilio Salgari. O quizás fuera uno de los Cinco de Enid Blyton, pero no recuerdo cuál.

¿Qué libros contemporáneo y clásico recomiendas sin reservas?
¡Qué difícil! Pero bueno, hay que decidirse. He recomendado a varios amigos esa delicia que es La princesa prometida, de William Goldman. Y, entre los clásicos casi contemporáneos, una de mis novelas favoritas, Yo, que he servido al rey de Inglaterra de Bohumil Hrabal.

¿El libro que tienes ahora mismo en tu mesilla?
Tengo dos: El balcón en invierno de Luis Landero y Marley estaba muerto de Carlos Zanón.
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martes, 3 de noviembre de 2015

Penumbra: I Cónclave de terror de Zaragoza por Rafael González



Aquellos que no frecuenten las redes sociales dedicadas a la literatura de terror desconocerán el hecho; pero, entre el 23 y el 25 del pasado Octubre, Zaragoza se convirtió en el epicentro del género a nivel nacional (con permiso de la Semana Gótica de Madrid).

Ideado por el editor de Saco de Huesos (y presidente de Nocte), Juan Angel Laguna Edroso, este Cónclave del Terror se propuso reunir reunir a artistas y obras de todos aquellos campos en los que se pueda trabajar con tan atávico sentimiento: literatura, fotografía, ilustración, video, juegos de mesa y ordenador... y hasta música. Un proyecto cuyo éxito se fue calculando a medida que iban anunciándose patrocinadores (Tyrannosaurus Books, Tusitala, Diábolo Ediciones, Edaf, Cátedra...) y personajes invitados (David Jasso, Roberto Malo, Charles Athman...), con lo que se podía adivinar un plantel de propuestas muy interesantes.


 El mayor pero que se le puede poner a todas las jornadas fue el lugar donde se realizaron: una sala de conciertos heavy. Sobre todo, por la molestia que supuso en varias ocasiones la algarabía de fondo a la hora de mantener un debate o, sencillamente, oír lo que se estaba diciendo. No quiero decir con esto que hubiera un continuo coro de vándalos melenudos impidiendo el desarrollo de las actividades, pero habría sido bueno estar libre de esa clase de interferencias (de las cuales también fuimos culpables los asistentes cuando, desentendiéndonos de la actividad de ese momento, comenzábamos a charlar entre nosotros). 



Hecho este inciso crítico, va siendo hora hablar sobre las variadas actividades que tuvieron lugar durante esos tres días, y en las que se animó a participar a todos, ya fuera promoviendo debates durante las mesas redondas o de forma directa como concursantes.

Lecturas: fueron varios los autores que acudieron a leer relatos, en mayor o menor número según su extensión, consiguiendo en la mayoría de los casos sobreponerse al miedo escénico y las dificultades de recitar. Además, la actividad acabó por convertirse en un comodín con el que rellenar pausas inesperadas, y algún autor se descubrió de pronto frente al micrófono después de que Juan Angel apareciera para convencerle.

Aunque no pude asistir a todas las lecturas, resaltaría la maña de LG Morgan para dar vida a su Oscuro Beltane, así como la simpatía de David Jasso (que acabó leyendo más de lo que quería) y la pena que me dio perderme la lectura de Ana Arranz, una de las grandes amistades que me llevo del evento.

 José María Tamparillas, Metiendo miedo enel cuerpo a los asistentes.

Proyecciones de cortometrajes: con unos medios algo escasos pero muchísima buena voluntad, Penumbra sirvió para conocer obras audiovisuales de todo el mundo que no suelen salir fuera de los festivales. A título anecdótico, cabe decir que se había organizado un festival de cine de terror en las mismas fechas. Así que, de repetirse ambos eventos, espero que puedan acabar fundiéndose en una misma convocatoria.

De todas las obras que pude ver, me quedo con Hotel, de Jose Luis Alemán. Una pieza de ambientes asfixiantes y toques surrealistas con un gran poder visual, que juega a plantearnos una paradoja final bastante sorprendente.

Mesas redondas: en mi caso, una de las principales razones para asistir al Penumbra fueron las charlas programadas. Para alguien que practica el terror de forma tangencial, me interesaban mucho los conceptos e ideas que pudiera aprender para luego ponerlos en práctica. Así que, en ese sentido, disfruté escuchando y participando de los debates, aunque la mayoría se me quedaron cortos (y seguro que lamentaré haberme perdido las del domingo).

En este apartado me resulta complicado hacer una selección. Todas las mesas tenían algún punto que me resultaba interesante, e insisto en que aún podría haberse sacado más "jugo" a ciertos temas si se hubiera dispuesto de más tiempo. La charla sobre revistas digitales, por ejemplo, derivó hacia un debate sobre la situación con los contenidos digitales (legales e ilegales) que, por supuesto, habría podido prolongarse hasta el infinito. El breve ensayo de Ángeles Pavía, respecto al origen de las mitologías del hombre lobo y las brujas, daba pie a horas y horas en las que citar textos de referencia (y  a un ciclo de charlas sobre otra criaturas de la mitología contemporánea). El debate sobre el desarrollo de juegos en torno a la temática del terror se quedó reducida a un paseo por los ejemplos más emblemáticos de cada plataforma, y eché de menos que se hablara más sobre la atracción del villano como personaje a encarnar por los jugadores, la importancia que están consiguiendo los recursos técnicos para la inmersión del jugador en realidades virtuales, etc... La mesa redonda sobre el uso o abuso de los tópicos del terror literario fue igualmente interesante y graciosa, y sólo por el número de ponentes y la cantidad de referencias que se podrían mencionar es algo que necesita horas para tratarse en profundidad. Por último, el debate sobre el Mundo Z dio pie a algunos momentos hilarantes, y a repasar este universo tan amado como odiado por el público.

Charlas "musicales": Fernando Lafuente nos sorprendió (a mi, al menos) con una charla sobre la música de King Diamond y su capacidad para utilizar el Heavy como medio de narración de historias de terror, en lo que podría describirse como "disco novelas".

Siempe complices, Roberto Malo y David Jasso

Actividades alternativas: además de todo lo anterior, también hubo toda una serie de actividades con las que entretenerse: monólogos de terror (con maestros de ceremonia del nivel de Roberto Malo y David Jasso), un puesto donde comprar ejemplares, un "pozo de libros" en el que encontrarse con libros usados, amén de un juego de preguntas sobre el mundo del terror, una justa de microrelatos y algunas partidas de demostración de juegos de tablero.

A este respecto, y a riesgo de resultar "soso", confieso que sólo participé en una de las actividades: la visita al Palacio de la Aljafería. Y, teniendo en cuenta que su horario se solapaba con otros eventos, se puede decir que fue todo un éxito con casi una veintena de curiosos. Además, tanto LG Morgan como su colega demostraron un conocimiento enorme sobre la historia del edificio. Eso sí, y por ser quisquilloso, dado que uno de los propósitos de la visita era hablar sobre cómo utilizar un escenario real para convertirlo en un escenario literario, yo propondría visitas similares en las que varios autores que se hubieran inspirado en determinado lugar comentaran de qué modo lo habían incorporado a sus textos.


Y hasta aquí llega mi crónica, menos extensa y completa de lo que quisiera. Confío en que mis críticas no molesten a nadie, y espero con ganas que el año que viene pueda volver a comentar qué fue del II Cónclave de Terror en Zaragoza.

Rafael González




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