martes, 9 de noviembre de 2010

Historia de un relato





Llevo tiempo siendo miembro de jurado del concurso de  cuentos que el foro convoca dos veces al  año.
Esta última convocatoria ha  sido un poco diferente: habitualmente hay una libre y otra temática, la de otoño.
Este año en la temática,  ha habido un  cambio, en vez de elegir un genero se ha optado por acotar un tema y este ha sido la versionalizacion de un cuento clásico. Han presentado menos originales que otras veces, pero  ha sido de una gran calidad. Los relatos premiados como siempre se pueden leer en el foro descargando el archivo correspondiente y continuar  comentantolos.
Tal vez no valoremos  el ejercicio que supone a veces este trabajo de escribir, por eso creo que merece la pena seguir la reflexiones y el análisis, así como el debate posterior que RAOUL,  el autor del cuento que ha ganado a juicio del jurado popular el premio al mejor relato y que es en mi opinion ,  un cuento excelente, ha generado con su reflexión sobre como ha ido construyendolo. Muchas veces, al margen del resultado, no terminamos de apreciar lo que lleva implícito el acto de sentarse delante de un papel a escribir sobre un tema acotado como en este caso, y este ejercicio de inteligencia y de meticulosa disección de los elementos que ha utilizado para construir su historia,  es  apasionante, al menos para mi como lectora. Os dejo un resumen por motivos de espacio entresacando parrafos de sus post pero os invito a leer el hilo completo:

Como introducción a su comentario  decir que ha  hecho una doble versionalización encajando una en la otra; Blancanieves y Romeo y Julieta.

Blancanieves es una historia fascinante. Fascinante más que por la aventura que cuenta por los personajes que rodean a la protagonista. Por supuesto es fascinante la madrastra pero también lo son la madre muerta y, especialmente, el padre ausente de Blancanieves. Fascinante es el espejo, sin duda. Y los enanos – considerados en grupo o individualmente-. Y fascinadora encuentro yo la figura del príncipe, ese joven lejano que descubre un entierro en un bosque, se siente fascinado por una muerta y –ahí es nada- hace una oferta de compra por el cadáver. Si se pretendía ofrecer una visión distinta del cuento, construir una versión del mismo en definitiva, una buena opción consistía en trasladar la perspectiva general desde la que está narrado a una más concreta, poner el foco de atención en uno de esos personajes secundarios tan extraordinarios – o en varios- y narrar los acontecimientos desde su particular punto de vista, indagando, desvelando motivaciones, deseos y hechos que son o pueden ser puntos oscuros en la historia original. O simplemente limitarse a contarlos desde un lado parcial. He de decir que nada de eso me atraía. No deseaba explorar en el cuento tradicional. Ni siquiera deseaba estar en ese cuento. Lo que yo me propuse fue otra cosa, ir en una dirección distinta. Mi intención era destruir el cuento, hacerlo imposible. Pretendía cometer un asesinato, vaya. Quería escaparme del cuento por los propios resquicios del cuento, recoger material explosivo y regresar luego para hacerlo estallar por los cuatro costados. Quería salir del cuento para volver al cuento. Conseguir todo eso me exigía actuar sobre la pieza clave de la historia, sobre su detonante. ¿Y cuál es ese detonante en “Blancanieves”? A mi juicio, el espejo. El espejo es quien provoca la crisis. Los acontecimientos se desencadenan el día en que una mujer que posee un espejo mágico recibe de éste una contestación inesperada, inconveniente. El arranque de “Blancanieves” se sitúa en ese momento exacto en el que la reina pregunta “¿Quién es la más bella?” y el espejo, su esclavo (aunque podría discutirse en la relación madrastra-espejo quien es el amo y quién el esclavo, pero eso ya sería divagar), conocedor de la naturaleza de su ama, le responde: “Blancanieves”. Ahí empieza todo y ahí empieza a decidirse la suerte de un puñado de vidas. De la palabra del espejo ha dependido todo. Con su silencio, con su desobediencia o con su mentira los personajes hubieran seguido por un trazado distinto y bastante corriente. Pero él (el espejo) no podía callar, ni desobedecer ni mentir. Esclavitud y sinceridad. En este sentido invito a pensar en el espejo del relato como en un robot programado. Así pues, no es casual que “La habitación” termine justamente donde empieza “Blancanieves”. La idea era lanzar –y responder- un interrogante: si investigando en ese personaje tan peculiar y tan fundamental (el único no humano de la historia), si, en definitiva, escribiéndole una biografía y proporcionándole un pasado podía crearse una posibilidad real de que la reacción del espejo a la pregunta decisiva de la madrastra fuera diferente de la que todos conocemos. Y eso sin desvirtuar ni violentar la naturaleza esencial del espejo, su “programación” (la sinceridad, la esclavitud y, como consecuencia de esos rasgos, el crimen). Si eso se conseguía, el cuento tradicional quedaba tocado en sus cimientos y se venía abajo como un castillo de naipes. Y lo que a partir de ahí resultara sería otra cosa: una no versión de un cuento inexistente. “Blancanieves” moriría. Así pues, a la hora de ponerme a escribir –o de planear el crimen- tenía claras una serie de cosas. El protagonista debía ser el espejo, la narración obligatoriamente había de hacerse en primera persona (eso era decisivo e implicaba casi todo), el espejo debía tener una percepción confusa y a veces errada de su propio destino, que se le habría de ir revelando paulatinamente, y, además, yo ya había localizado dónde podía hallar el “material explosivo” necesario, el arma del crimen. A la luz de todo eso acudieron solas un conjunto de soluciones formales. El tono del relato debía ser lírico, evocador, arrebatado en su trasfondo y, aun así, contenido en su primer plano, y había que recubrir el texto de velos y símbolos. El lenguaje no podía ser directo, era fundamental dotarle de una clave poética y ejecutarlo en un tiempo más bien lento. Y era importantísimo sugerir al decir, que por lo explícito asomara lo implícito. 
 (...)En mi opinión – que es sólo una opinión más- lo que el relato viene a contar es una historia de amor oscura, romántica y poética. Y al hablar de historia de amor no me estoy refiriendo a la de Romeo y Julieta, claro está, sino a otra historia de la que posiblemente no son concientes ninguno de sus dos protagonistas.
(...)Aunque el relato se subtitule prolegómenos -unos prolegómenos dilatados, ciertamente- porque se extienden a todos los “prolegómenos” al pistoletazo de salida de “Blancanieves”, no se detiene ni acaba ahí aunque la parte escrita se detenga y acabe ahí. Tanto en el cuento original como en el relato – más aún en el relato- siguen siendo fundamentales la pregunta de la reina y la respuesta del espejo. En el relato la reina formula “la pregunta exacta”, pero ¿qué hace el espejo? ¿No habría quizás que detenerse e interpretar el último párrafo del relato? El espejo del relato responde y obedece sin titubeos, pero ¿qué responde? No se dice expresamente ¿Da la “respuesta exacta” también, la tradicional, la misma que la del espejo del cuento? ¿O hace algo distinto? Y en ese caso, ¿qué es ese algo? ¿Y por qué? Y determinado esto, ¿cuáles serían o podrían ser sus consecuencias? Incluso se podría ir más allá: ¿en qué situación se encuentra el espejo cuando está narrando su historia?
 (...) Creo que hay una parte trascendental del relato, su desenlace, que se desarrolla justamente debajo del último párrafo del mismo, en unas líneas que no están escritas y que corresponde llenar al propio lector, si lo desea. He de confesar que, desde el principio y mientras escribía, yo tenía ese párrafo final en la cabeza. Pero al llegar al momento de ponerlo negro sobre blanco y de pasarlo al papel, el propio relato me lo impidió. De repente parece que una historia toma sus propias decisiones, que se niega a aceptar algo que le estaba planeado desde su inicio. No reconoce ese algo como suyo y lo rechaza como a un cuerpo extraño. Esto le puede pasar a cualquiera que escriba, creo yo, y pienso que lo que ocurre es que el proceso de escritura supone también un proceso de comprensión. Uno va escribiendo y al tiempo va comprendiendo. Por eso hay veces que una idea de origen o de partida, hasta la más firme y meditada, puede acabar rectificada como consecuencia del camino recorrido. En este sentido he de decir que, a estas alturas estoy ya casi convencido de que “el relato” obró con acierto. 
Raoul

El desarrollo de como ha estructurado su cuento y como ha establecido las relaciones es más amplio. Creo que sirve  para que como lectores,  valoremos mas el proceso de construcción de una historia cuando lleva detras un proyecto meditado y elaborado, cuando hay mucho más que un proceso de dejarse llevar por el papel y la imaginación. Os invito tambien a debatir y a compartir  vuestras experiencias ya sea en el hilo ya  en un hilo creado de forma independiente. 

1 comentario:

Pringadilla dijo...

Me parece magistral -y no suelo usar esa palabra a la ligera- el análisis que ha hecho del cuento clásico y el planteamiento que ha elegido para dar su propia visión de la historia... y eso sin leer el relato en si mismo.